Daño Psicológico como Diagnóstico Forense

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Hay una divergencia entre psicólogos y agentes de salud mental en cuanto a señalar desde la arista forense en Guatemala qué es un daño psicológico; sin embargo, cuando se infringe daño a una persona, algo innegable es el sufrimiento, que como resultado de la agresión, interrumpe el desarrollo de su cotidianidad. Este artículo intenta buscar otros conceptos que ayuden a la determinación del daño, para la psicóloga forense a través de una interlocución, hacer el peritaje a una víctima significó, la obtención de datos orientados hacia la verificación transversal del hecho y llegar al diagnóstico de daño.

El hecho traumatogénico circunstancial crea un desequilibrio bio-psico-social, el cual dependerá de la gravedad para caracterizar ésta como: transitoria, aguda o permanente, su manifestación consigue generalmente proyectarse en una depresión como síntoma, en ocasiones hasta el extremo del síndrome; además pueden aparecer desordenes psicológicos del sujeto y repercusiones posteriores en su entorno.

El diálogo socrático favoreció contar con el bagaje pericial de las autoras, para explicar a los operadores de justicia las implicaciones y consecuencias de un daño desde un diagnóstico forense bajo la tónica de la psicología.

El artículo investiga una aproximación sobre los alcances y consecuencias que pueden aparecer en una víctima, quien desafortunadamente ha sido o es objeto de daño psicólogo. Este problema lo han arrastrado los grupos humanos desde que el hombre apareció sobre la tierra y será en el grupo social primario, la familia, donde la intervención urge para educar a las generaciones jóvenes, e inculcar básicamente el valor del respeto hacia la otra persona en cualquier dimensión que se contemple.

Sin ser pesimista pero viéndolo objetivamente el daño no va a desaparecer, pero si puede lograrse que la persona aprenda a vivir con el estigma sin dolor. Para la explicación y estudio del tema en cuestión, la corriente epistemológica bajo la cual se consideró su presentación tendrá un enfoque fenomenológico.

Abordar en términos psicológicos las implicaciones y de alguna manera la formación de síntomas generados por la intrusión de amenazas, donde las esferas: biológica, psicológica y social del sujeto se vulneran, no es tan sencillo. Las tres anteriores pueden alterar el funcionamiento cotidiano de la persona, ¿por qué? Es muy fácil responder, se encuentran íntimamente relacionadas y el desajuste en una, altera o interfiere en el funcionamiento de las otras.


Una justificación “sine qua non” se admite cuando la víctima ha perdido su seguridad, estatus, libertad de acción, sufre, llora, la depresión se implanta y una ansiedad, o más grave aún el aparecimiento de la angustia dolor, del cual la persona se le hace sumamente difícil dar alguna explicación; provoca más desasosiego, por lo que lentamente va drenando la independencia de la que alguna vez gozó la víctima.

El estudio del daño psicológico surgió de un diálogo socrático con otros profesionales de la salud mental, donde el fenómeno empieza a revelarse con la mejor claridad posible, además favorezca la operatividad del psicólogo. Otra inquietud de tipo profesional afloró de la necesidad para explicar verbalmente a los operadores de justicia porqué se daña a la víctima, obviamente cuando alguien padece un dolor físico o psicológico está sufriendo, el daño se define de la siguiente manera: resultado de uno o varios sucesos, vivencias traumatogénicas o de carácter crítico, punibles que alteran el equilibrio emocional-psicológico de la persona, de manera directa o indirecta.

Dicho desequilibrio o perturbación puede tener una consecuencia permanente, transitoria, periódica, en todas o alguna esfera de su vida. Adicionalmente es importante establecer puntualmente el trabajo del/la perito en psicología del INACIF y, cuáles son los límites exactos al hacer la evaluación del daño psicológico.

Estas líneas se dirigen a psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, operadores de justicia y personas que puedan interesarse en el estudio de los efectos y huellas némicas, físicas y sociales, la mayor parte de veces imborrables, que alteran el equilibrio del psiquismo de quien ha sufrido un daño.

DAÑO PSICOLÓGICO COMO
DIAGNÓSTICO FORENSE

En cuanto a la definición de daño psicológico, daño emocional o daño psíquico, en la actualidad son conceptos que han creado confusión, dado que entre los profesionales específicamente del área de la psicología forense de Guatemala, no existe consenso para llegar a un acuerdo final. Por esta razón, este artículo intenta aclarar las ideas o bien, adoptar y contextualizar las aprobaciones establecidas en otras latitudes.

Las revisiones permitieron concluir y explicar el daño a nivel psicológico, como el resultado de uno o varios sucesos, vivencias traumatogénicas o de carácter crítico, punibles que alteran el equilibrio emocional-psicológico de la persona, de manera directa o indirecta. Dicho desequilibrio o perturbación puede tener una consecuencia permanente, transitoria, periódica o pasajera, en mayor o menor grado en todas o alguna esfera de su vida.

Existe la posibilidad que presenten alteración en el área física, emocional, cognitiva, afectiva, volitiva y espiritual, afectan las capacidades de desarrollo o goce individual, familiar, laboral, social, espiritual o recreativo. Su alcance en las repercusiones, está influenciado por una mediación de acuerdo a la gravedad del suceso, el carácter inesperado del acontecimiento y el daño físico o grado de riesgo sufrido, la mayor o menor vulnerabilidad de la víctima y el posible progreso de otros problemas futuros.
SÍNTOMAS Y SIGNOS

Se refieren a la manifestación clínica, en respuesta a la alteración psicodinámica, que en el contexto forense tiene relación con una acción punible. En cuanto a los signos (llanto, afecto, tono de voz, movimientos motores, sudoración) estos son observados por la profesional, mientras que los síntomas (miedo, enojo, tristeza, padecimientos físicos) son descritos por la persona.

El daño psicológico o emocional causado, repercute en el sujeto, y puede instalarse según su sintomatología, de manera emergente, transitoria y crónica, lo cual varía de acuerdo al acontecimiento, a los recursos externos e internos que posee.

Efectos emergentes: reacciones inmediatas ante un acontecimiento negativo que puede alcanzar la categoría de estrés agudo o postraumático. Entre las que se encuentran: llanto, miedo, respuestas fisiológicas y desorientación.

Consecuencias transitorias: síntomas que se instalan en la persona perjudicando su estabilidad biopsicosocial temporalmente. Como alteraciones en el ciclo de sueño, alimentación, evitación, aislamiento, trastorno adaptativo, cuadro depresivo.

Secuelas permanentes: efectos psicológicos, que tienen incidencias en aspectos afectivos, cognitivos, conductuales y psicosomáticos, aparecen en el medio familiar, social y laboral, o a lo largo de la vida de la persona, adquiere un carácter indeleble.

Valorar las consecuencias correlacionadas a un acontecimiento o suceso que por la intencionalidad daña a la persona, según sean las repercusiones, se aboga por la utilización de los modelos existentes como los nosológicos por  tener manifestaciones psicopatológicas y aquellas reacciones psicológicas que no tienen criterios para un trastorno, sin embargo, sí afectan  psicológicamente, de igual manera puede decirse del desenvolvimiento social.

Modelo nosológico: de acuerdo a las reacciones del individuo ante un suceso negativo se encuentran síntomas agudos, los cuales son respuestas inmediatas, ante una situación que desborda su capacidad de afrontamiento.

Por ejemplo diagnósticos:

Trastornos estrés postraumático: según la Clasificación Internacional de Enfermedades -CIE 10 “surge como respuesta tardía o diferida a un acontecimiento estresante o a una situación breve o duradera, de naturaleza amenazante o catastrófica”. Siendo sus características principales: la reviviscencias, aislamiento, evitación y embotamiento emocional.

Cuadros depresivos, planteados dentro de la ley guatemalteca . Clínicamente la DEPRESIÓN puede ser un síntoma, un síndrome o una enfermedad. Predominio de emociones tristes, de desesperanza, de futilidad y pesimismo. Pueden aparecer sin que la situación vital lo justifique o bien desencadenados por acontecimientos externos. Es la típica visión del “cristal ahumado”.

Se emiten pensamientos como “estoy triste”, “no puedo alegrarme por nada”, “nada me divierte”, “nada me interesa”, “tengo un sufrimiento interno”. La expresión del humor depresivo es variable: llanto, pesadumbre, apatía, inquietud, dolor, sufrimiento. Principales pensamientos que acompañan a la depresión son: desesperanza (pesimismo), minusvalía, ruina, culpa, hipocondría, muerte.

El otro modelo es el psicológico: efectos psicológicos, respuestas derivadas del acontecimiento que causan una afección o sufrimiento, sin alcanzar el nivel de trastorno. Para lo cual debe entenderse el sufrimiento como el padecimiento, la pena o dolor, que experimenta un ser humano y se trata de una sensación subjetiva que aparece reflejada en un malestar, agotamiento.

Estrés: sensación de carga, además hay ansiedad o angustia.

Ansiedad: estado de activación que contiene un sentimiento de miedo, como reacción ante un peligro.

Inadaptación: dificultad para el restablecimiento de su equilibrio dentro de su entorno social.

Disforia (estado de ánimo que causa malestar): disgusto persistente.

En conclusión y para una visualización de los juristas guatemaltecos y otras disciplinas relacionadas con la salud mental, el daño psicológico puede señalarse como: “menoscabo al estado psicológico de la persona, el cual puede manifestarse como sufrimiento y privación al proyecto de vida”.

Es importante indicar que la ley guatemalteca, deberá plantear parámetros que redefinan exactamente, desde el punto de vista jurídico, el significado y definición de daño psicológico para la población guatemalteca, siendo esto un tema a discutirse y consensuarse con todos aquellos que están estrechamente vinculados, con lo psicológico, jurídico, social.

 

Somatización: proceso por el cual se transforman los problemas psicológicos en síntomas físicos.

Problemas de alteración sexual: dificultades en la esfera sexo-genital.

Problemas de conducta (niños): comportamientos inadecuados en ellos.

Conductas riesgosas: exposición peligrosa intencionada a riesgos innecesarios.

Problemas alimenticios: alteraciones en esta.

Problemas del sueño: dificultades para conciliarlo, pesadillas o interrupciones.

Finalmente el modelo psicosocial: luego de un acontecimiento traumatogénico, aparece una crisis inesperada, por el impacto psicológico ya que coloca en riesgo la integridad somática y psicológica de la persona, por ser un suceso que ocasiona una pérdida y estrés.

Psicosocialmente se rompe, marca y desestabiliza la cotidianidad de la persona a nivel personal, familiar y social, generando repercusiones tanto a nivel emocional, como en su desempeño, circunstancias que alteran el orden de sus actuaciones en las distintas áreas: personal, social, laboral, escolar, familiar y sexogenital, a lo que se llama alteración a la vida cotidiana.

Esto nos lleva a la definición de vida cotidiana, emitida por Heller en 1970, “es el conjunto de actividades que caracterizan la reproducción de los seres humanos particulares, y estas a su vez propician la posibilidad de la reproducción social”.

Esto quiere decir que existe una continuidad en la vida de cada persona, de forma individual y, pese a incidentes menores que modifican ocasionalmente e interrumpen las actividades por situaciones propias del desarrollo como enfermedad, vacaciones, mudanza, cambio de institución académica o laboral, genera una nueva configuración para posteriormente reintegrarse.

No obstante, cuando la desconfiguración se presenta por una crisis altamente negativa, estresante o traumatogénica en la que se ejerció, poder por uno o unos terceros en donde existen indicativos de intencionalidad, se presenta la desadaptación y damnifica el desenvolvimiento cotidiano por lo que alcanza al proyecto de vida, y éste se convierte en: metas sin alcanzar, expectativas truncadas, deseos y visión de uno mismo en el futuro, así como en el ámbito familiar, social y cultural. En los niños se vislumbra el desajuste del proyecto de vida, que se encuentra en estrecha relación con el desarrollo psicoevolutivo.


Licda. Claudia Lisseth Castañeda Villeda
Psicóloga, Universidad Mariano Gálvez de Guatemala
Número de colegiada 1082
Diplomado en Psicología Forense, Universidad de San Carlos de Guatemala

M.A. Mayra Lisbeth Velásquez Trujillo
Psicóloga, Universidad de San Carlos de Guatemala
Número de colegiada 9659
Magister en Consejería Clínica e Intervención Psicosocial en Salud Mental, Universidad Panamericana de Guatemala
Diplomado en Psicología Forense, Universidad de San Carlos de Guatemala
BIBLIOGRAFÍA
Documento presentado en el 4º Congreso Virtual de Psiquiatría Interpsiquis. Del 1 al 28 de febrero 2003. Consultado en marzo de 2014.
Echeburúa, E. (2005). Superar el trauma. El tratamiento de las víctimas de sucesos violentos. Ediciones Pirámide. España
Echeburúa, E. (2011). Retos de Futuro de la Psicología Clínica. Consultado en febrero del 2014.
Heller, A. (1994). Sociología de la vida cotidiana. (4a. ed.) Ediciones Península. Barcelona, España
Muñoz, J. (2013), Módulo II Victimología y Violencia Contra la Mujer. Curso Educación Continua en Psicología y Psiquiatría Forense. Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala. Consultado en marzo de 2014.

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